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lunes, 9 de noviembre de 2015

AQUELLAS FERIAS




Aquellas ferias de San Juan que vivimos los que nacimos en los 50 o los 60 en nuestra etapa de “jovencitos”, las que yo recuerdo se hacían primero en el llano que había frente a los Hogares de Hernán Cortés, donde hoy se encuentra la parroquia de San José (anteriormente creo que se celebraron en el Baluarte de Menacho), luego se trasladó a donde hoy se encuentran las instalaciones deportivas de la barriada de la Paz, más tarde a donde hoy se realiza el mercadillo de los martes junto al Puente Real, y por último al recinto ferial donde hoy se encuentra.

Uno de los clásicos de las ferias de mi época era El Tren de los Escobazos (el de la Bruja), esta atracción nos hacía viajar en un trenecito por un túnel y cuando menos te lo esperabas aparecía una bruja armada con una pequeña escoba, empeñada en sacudirte con ellas a la más mínima oportunidad, lo que más recuerdo de esta atracción es lo asustados que estábamos de aquella bruja que nos intentaba pegar con la escobita… y que, cuando el tren entraba en la zona oscura del túnel, aún nos asustaba más, ya que no sabíamos donde iba a aparecer; con el tiempo, y nosotros intentábamos arrancarle la escoba a la bruja para conseguir un viaje gratis.

Los Caballitos, eran una de las atracciones más representativas, uno podía sentarse allí al volante de un coche de bomberos o de una ambulancia (incluso de una diligencia, sujetando las codiciadas riendas) mientras daba vueltas tranquilamente y saludaba a sus papas cada vez que el carrusel daba una vuelta, las motos tampoco estaban nada mal y los aviones y las naves también tenían su gracia, pero los camiones de bomberos con aquellas campanitas y escaleras cromadas…eran desde luego, lo más divertido y difícil de coger.
Otra de las atracciones estrella eran los coches de chocantes (por supuesto, los de los Hermanos Naranjo, que estaban en todas las ferias de entonces), en ellos nos dejábamos casi los piños en los choques frontales, todavía recuerdo las chispas que soltaban los troles en forma de gancho en la red del techo. Recuerdo que entonces nos daban un ticket y se subía a nuestro coche el cobrador para pedírnoslo, luego más tarde incorporaron las fichas.
Y los gritos que daban los de las tómbolas, ¡otro perrito piloto u otra muñeca chochona!,  es algo que tampoco se olvida fácilmente; en los años 60 y 70, la tómbola era una de las atracciones más populares, la gente compraba boletos y esperaba con ansia ver si les había tocado algo, aunque fuera de poco valor, era solo la ilusión de un premio.



Sin embargo, mi atracción preferida sin lugar a dudas, era la caseta de tiro, tumbar aquellas bolas y recibir a cambio algún osito de peluche u otra cosa, según la sabiduría popular, sabíamos que los cañones de las escopetas estuvieran rectos (de ahí el dicho, de que fallas más que las escopetas de la feria), porque darle a las bolas era fácil, pero partir uno de aquellos palillos era prácticamente imposible.
Como me voy a olvidar de aquella Ola, del Látigo, el Gusano Loco, la Noria, el Martillo de fuerza, el Torpedo, las Sillas Voladoras.
Y como no, al final dar un paseo para comprar:  martillos de caramelo, manzanas de caramelo,  chupetes de caramelo,  algodón de azúcar, altramuces , chufas, coco fresquito………
Los  barquilleros dónde tenías que hacer girar la ruletita y si ganabas (que siempre ganabas), te daban un barquillo o un farisié (os acordais de los farisies?)…Y como olvidar aquellos puestos de turroneros, con su voz peculiar de "vamos al turrón" (por supuesto de Castuera) y el no llevarle a tu madre un poco de él, era un pecado que te guardaba para cobrartelo más adelante.

Más tarde ya en los años 80s, no se podía salir de la feria al amanecer, sin tomarte ese chocolate con churros en la caseta de los Hermanos Pernía.

Son recuerdos que nunca se olvidarán por mucho que pase el tiempo, porque es lo vivímos entonces y están ahí, no fue ni mejor ni peor que las de ahora, pero fue esa ¡¡la nuestra!!.

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