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martes, 10 de noviembre de 2015

AQUELLOS AÑOS DE JUVENTUD



En mi generación, como en todas, se marcaban claramente ciertos ritos que eran necesarios superar para identificarse con la etapa de edad superior, y había algunos que yo recuerdo que eran imprescindibles entre los muchachos de mi edad.

De la pubertad a la adolescencia o el descubrimiento del sexo, en aquellos años de la década de los 50 y 60 e incluso en los años 70 podía suponer un auténtico "trauma" para los años de la pubertad y la adolescencia, no sólo la Religión que condenaba el sexo sino que la moral pública impedía que fuera algo cotidiano, la prohibición de los desnudos en revistas, cine, arte y demás manifestaciones era algo evidente y la censura cumplía su función a la perfección y de tal forma que estos temas eran siempre tabú.
Durante el régimen de Franco, la estrecha alianza entre Iglesia y Estado animó a los moralistas católicos a regular toda actividad que pudiera despertar las pasiones prohibidas: la exhibición del cuerpo en playas y piscinas, las peligrosas excursiones campestres, los bailes con demasiado contacto físico, los espectáculos y escritos capaces de despertar la concupiscencia... hoy pueden chocarnos pero en todo eso está el origen de muchos de los sentimientos de vergüenza que aún nos invaden.

En esas circunstancias podéis imaginaros lo que significaba ser el propietario de un bolígrafo striptease, podáis convertirte en el más popular y famoso de la clase y no veas si te pillaba el maestro, podías tener seguro que lo pagábamos caro, el bolígrafo striptease era un bolígrafo en el que salía una chica vestida pero que al girarlo o darle la vuelta se le quitaba la ropa, hostias qué descubrimiento.
La censura y la hipocresía apoyada por esa religión eran razones más que sobradas para imaginarse cómo estuvimos viviendo esos años, la censura franquista era tremenda pero a la vez ingenua, todo el mundo sabe que se les colaron ciertas películas sin que fueran capaces de ver la mínima crítica al sistema (recuerdo entre otras: Bienvenido Mister Marshall o West Side Story), sin embargo, había algo que no se colaba: todo lo relacionado con el sexo, simplemente, un beso, los besos se daban en la cara, a lo sumo en la barbilla, muy pocos en la boca, sí detectaban alguna escena fuera de los cánones, se cortaba si era una película extranjera o no se dejaba seguir rodando si era española.
Pues bien, entrar a ver una película para mayores te daba la posibilidad de encontrar alguna escena más atrevida, era haber pasado una prueba que te convertía en adolescente, naturalmente se trataba de engañar al acomodador (que seguro que la mayoría de las veces, hacía la vista gorda) y de colarte con una edad inferior a la permitida, yo lo hice con catorce años, y desde luego fué un triunfo, porque yo tenía una cara de niño, muy aniñado, y no podía dar el pego, pero resultó y entré a ver la película en gallina del “Lope” que era West Side Story, databa sobre la juventud yanqui y chicana, con esta película comenzó la moda de chasquear los dedos y de las peleas entre bandas.
Otro rito era fumar, fumar en aquella época era síntoma de persona adulta capaz de tener responsabilidad , de hecho, los hijos no solían fumar delante de los padres hasta que se iban al servicio militar, entonces el padre al despedirse del hijo le daba en paquete de tabaco y un mechero, os parecerá una gansada, pero era así. Los muchachos de la época fumábamos a escondidas, primero empezábamos por unos cigarrillos de anís que venían atados en un rollo, sí, de anís, que vendían en los puestos de pipas de la época, eran tremendos, sabían a rayos, olían a anís y si te tragabas el humo te mareaban, también se compraba la picadura y liabamos los cigarrillos con papel de fumar, también fumábamos los Ideales y los Peninsulares los cuales eran infumables; después se pasaba a comprar cigarrillos sueltos, los más famosos que yo recuerdo y por los que empezábamos (también eran los más baratos) no tenían boquilla y eran de tabaco negro, los Celtas, si hablamos de tabaco rubio el Bisonte, horribles ambos y con unas estacas que a veces ni ardían, los vendían también sueltos pues el precio de la cajetilla era prohibitivo para la mayoría (con una peseta comprábamos un cigarrillo celta que costaba 30 céntimos y un Tres Veinte 60 céntimos y los 10 céntimos restantes para cerillas), los emboquillados rubios eran palabras mayores, eran americanos de importación y costaban un pastón: LM, Marlboro, Kent, Winston, Lark, Camel, Chesterfield, Philips Morris, y otros, también abundaban los canarios que eran negros, como el Antillana, Mencey, Tres Carabelas (este era rubio), Fetén, Palmitas, etc.
Pues sí, echar humo delante de tu panda era otro indicio de que ya te habías convertido en adolescente, eso sí, con cuidado de que no te pillaran en casa, pues la bronca, si no la bofetada estaba asegurada, se consideraba por parte de los mayores un pecado de los más mortales y os aseguro que no era por una cuestión de salud (pensemos que hasta los sesenta estaba mal visto que las mujeres fumaran), era una cuestión de “respeto”, creo que hoy en día me cuesta entenderlo a mí que lo he vivido.
En fin eran ritos de paso de aquellos tiempos hoy extinguidos pero cambiados por otros diferentes, ritos que siempre han existido, existen y existirán y son innatos a la condición humana.
La música de los sesenta y los setenta, es la que he vivido, la que he bailado, la que me ha hecho vibrar, la música de los guateques o sea, la música de mi adolescencia.
En ella había de todo, música de diversas procedencias, italiana, francesa, anglosajona y como no española, la música española de los sesenta más conocida es la de los grupos como Los Bravos, Los Brincos, Los Canarios, Los Sirex, Los Mustang, etc., también se habla de los solistas, para mí muy inferiores a los grupos, sin embargo de un gran éxito: Miguel Rios, Massiel, Raphael, Nino Bravo, Camilo Sesto, Karina, Cecilia........... y tantos otros.

Sin embargo poco se habla de los grupos instrumentales, y haberlos, los había, además de gran calidad, por eso hoy no quiero que se queden en el olvido y los traigo aquí; seguro que las nuevas generaciones no habrán oído hablar de ellos, pero también estoy convencido de que los nacidos antes de los sesenta los recuerdan, me estoy refiriendo a Los Relámpagos, a Los Pekenikes y sobre todo Los Shadows (quien no ha escuchado alguna vez su canción “Apache”, eh?).
Los Relámpagos fue un grupo que se formó a principios de los sesenta y que hizo versiones instrumentales de melodías conocidas, teniendo un gran éxito entre los jóvenes de la época; los Pekenikes fue un grupo que se convirtió en instrumental hacia 1964 y que compuso títulos que nos hicieron vibrar en los guateques:
Los Guateques, hoy ya no se emplea esta palabra pero en los años 60, 70 se empleaba de forma habitual para designar una fiesta que se daba por la tarde o noche con copas, refrescos y música para bailar, durante los sesenta la música, claro está, procedia de unos gramófonos que hoy darían risa, las agujas se escapaban con cierta frecuencia produciendo ruidos locos e irreparables, pero eran unas fiestas divertídisimas, una buena música era la base principal de la fiesta, en el tocadiscos sonaban los discos de vinilo de: Los Brincos, Fórmula V, Los Bravos, Los Diablos, Los Canarios, Los Angeles, Los Módulos, y un largo etc de grupos de la época, según el disco que pusieras había que cambiar la velocidad en el tocadiscos, los vinilos pequeños eran a 45 revoluciones por minuto y los grandes (los LP) a 33 r.p.m.
Por supuesto, existían los bailes, sin embargo eran para mayores de dieciocho años y además tenían su peligro (lo de las bandas no es nuevo, recordemos que West-Side-Story y su influencia viene de finales de los cincuenta) por lo tanto la única posibilidad de juntarse para bailar y estar con chicas de forma "un poco íntima" eran los guateques
Había sin embargo varios tipos de gustos entre la juventud a la hora de decantarnos por algún tipo de música, estaban los que les gustaba la música movida como el rock, también había los que les gustaba la música lenta, o sea, la de arrimarse, y naturalmente, los que alternábamos ambas opciones.
Durante esos años nacieron dos grupos que hacían la delicia de todos los adolescentes: Los Beatles y los Rolling Stones; dos grupos que destacarían en el panorama de la música desde mediados de los sesenta.
Y como siempre surgieron los tópicos, los Beatles melódicos, los Rolling rock duro. Así que unos con los Beatles, otros con los Rolling; cada uno se alineaba con uno de los grupos, a lo más que se llegaba era a un pacto por el que se ponía Satisfaction o Paint it Black de los Rolling y lo demás de los Beatles.
Los Beatles eran los que ganaban pero yo a pesar de ser un fanático de ellos, siempre encontré que ambos grupos podían hacer genialidades en las dos modalidades, lento y rápido y agarrado y suelto.
Los de Liverpool tenían baladas preciosas, como Yesterday, Michelle, I Wanna Hold Your Hand y tantas otras, pero los Rolling no les quedaban a la zaga. y si los Rolling tenían The Last Time, Satisfaction o Paint It Black, los Beatles tenían rock movido a mogollón.
Se organizaban los domingos por la tarde y solía ser en casa de alguien de la pandilla, o alquilábamos algún sitio que pagábamos entre todos los chicos (las chicas siempre iban de gorra, entonces estaba mal visto que pagaran algo las mujeres), también pagábamos a escote las bebidas y algo de aperitivo que se compraba.
Era un momento que esperabamos con impaciencia, después de estar liado toda la semana, el cine del sábado por la tarde, la partida de billar del domingo por la mañana, venía lo más importante: el guateque. significaba mucho para nosotros, allí teníamos la ocasión de charlar con la chicas que nos gustaban (aunque solían hablar más entre ellas), bailar y enamorarnos, qué momentos de emoción, estar esperando dos cosas, una, el último disco que alguien llevaba y otra, la más importante, el baile con la chica que te gustaba, un simple roce, una caricia medio escondida, un beso en la mejilla (en la boca vendrían después), agarrarle la mano. ¿Éramos idiotas?, no lo sé, pero eran únicos esos instantes de placer, donde el sexo jugaba un papel secundario, al poco tiempo se terminaron los guateques, entramos en la pubertad.

Eran otros tiempos, pero que grandes tiempos fueron aquellos.

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