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jueves, 1 de septiembre de 2016

AQUELLOS OFICIOS DE ANTES


Las costumbres van cambiando, y cada día nueva tecnología inunda nuestro día a día, relegando al olvido profesiones y oficios que antaño fueron esenciales. Algunos, solamente han cambiado de nombre, como fueron los antiguos bañeros, que ahora todo el mundo se refiere a ellos como socorristas; Otros, perdieron su puesto en la sociedad sustituídos por una máquina, o a causa de un sistema económico que les hizo imposible competir en precios para ganarse el sustento.
Haré lo posible por recordar algunos de esos oficios perdidos o en desuso, para mantener en el recuerdo los que alguna vez fueron imprescindibles.


El Sereno fue uno de los oficios más emblemáticos de los barrios de España y Latinoamérica, aunque no en todos los lugares tenía las mismas responsabilidades. En España fue el encargado durante décadas de encender las farolas con la caída de la noche, y vigilar las calles mientras la noche durase. Así mismo, también tenía en su poder las llaves de todos los portales para quien la necesitara durante la noche.
Este oficio se perdió con la llegada de los porteros automáticos,




El Afilador era aquel que deambulaba entre ciudades y pueblos con su bicicleta o motocicleta para afilar instrumentos con filo, tal como cuchillos o tijeras. También eran los encargados de arreglar paraguas y de afilar lapiceros. A mediados del siglo XX, los afiladores se empezaron a asentar en locales de grandes ciudades, siendo cada vez menos los que viajaban de pueblo en pueblo.
Con la llegada del sistema capitalista basado en el consumo a España, el oficio se fue perdiendo en beneficio de una cultura de usar y tirar en la que no tenía cabida el afilar los instrumentos de corte.


El Pregonero era otra de las profesiones más populares en los pueblos de España. Llegaba con su corneta a las distintas poblaciones, y haciéndola sonar reunía a todos los habitantes para comunicarles noticias importantes venidas de otras ciudades, o acontecimientos extraordinarios dentro del pueblo. Su origen se remonta a tiempos del Imperio Romano, y durante siglos fue el medio de comunicación y publicidad más eficiente. Con la llegada de la radio y la televisión, la utilidad del pregonero se vio relegada a un segundo lugar, avocándolo a la desaparición a lo largo de la segunda mitad del siglo XX.


El Herrero era aquella persona que mediante su forja, yunque y martillos elaboraba objetos de metal, comúnmente acero e hierro, de necesidad para toda la sociedad. Entre esos objetos se encontraban no sólo herramientas, campanas, armas y artículos de cocina, si no que en muchas ocasiones también realizaban artículos decorativos muebles e incluso esculturas.
Con la llegada de la revolución industrial, el herrero pasó de estar en todos los pueblos a estar únicamente en determinadas poblaciones, habiéndose convertido a lo largo de las últimas décadas en una profesión prácticamente desaparecida en los países más desarrollados.


El Barquillero era aquel vendedor ambulante que llevaba barquillos en sus cestas y una ruleta para que los compradores pudieran probar suerte. Los compradores hacían girar la ruleta, y el que obtuviese el número menor de todos los compradores del momento, era el encargado de pagar los barquillos de todos los compradores. Esta profesión fue de fuerte tradición a lo largo del siglo XIX y se mantuvo a principios del siglo XX.
La post-guerra española, el hambre y la pobreza dificultaron mucho esta profesión a mediados del siglo XX, viéndose desaparecida en España.


El Campanero existían en la mayoría de iglesias, y eran los encargados de tocar, repicar y voltear las campanas de la iglesia. Del mismo modo, también era el encargado de revisar el mantenimiento de las campanas, revisando las ataduras de los badajos, la tensión de los distintos cables y cuerdas, así como la supervisión del reloj de la iglesia.
Con la aparición de los sistemas mecanizados y automatizados para tocar las campanas, su profesión cayó en desuso, viéndose relegada a campanarios puntuales.


El Barbero, muchos son los que creen que los antiguos barberos eran únicamente peluqueros que también se encargaban de arreglar la barba a los hombres. Pero si nos remontamos algún tiempo atrás, cuando los dentistas no existían, los barberos también eran los encargados de ocuparse de la dentadura de sus clientes, e incluso hacían las labores de médicos de la época, tales como vendar úlceras o hacer sangrías.
Con la aparición de médicos y dentistas especializados, los barberos se vieron relegados a la barba y pelo de los hombres, y con el paso de los años y aparición de las peluquerías unisex, el nombre cayó en desuso, llamándose únicamente peluqueros.


El Aguador o aguatero era la persona que vendia y distribuia agua entre la población. El aguador era una profesión muy popular en épocas en que no estaba generalizado el suministro de agua corriente.
Para conducir el agua potable a las casas, los aguadores guiaban dos o tres borriquillos de los cuales llevaban unas angarillas con media docena de cántaros de barro cocido y con ellos subían los conductores a las habitaciones y llenaban las tinajas o cacharros que para el objeto tenían destinados los vecinos. Estos modestos traficantes del agua se hallaban agremiados y cobraban una tarifa en función de la cantidad suministrada. Posteriormente, se introdujo otra clase de aguadores que con un carro de cubo y una caballería hacían el servicio de transportar el agua a las casas.
 
El Carbonero hace un siglo, en todas las zonas rurales era común ver su figura, oficio ahora en vías de extinción, cuyo trabajo consistía en cubrir totalmente enormes pilas de leña con musgo y ramas tiernas, la carbonera. Luego prendía la leña, y dejaba que se quemara durante días. Luego, subía hasta la cima de la pila y pisaba.
Cuando la capa estaba estable y no temblaba, señal de que todo estaba secado y endurecido, abría la pila y obtenía el apreciado combustible. Pero muchos murieron al caer la pila, todavía sin endurecer, lo cual convertía la profesión en un oficio arriesgado.
Su trabajo se dividía en dos tareas: la tala de la madera y su transporte hacia la zona de carboneo, y el montaje de las pilas y el control del proceso de carbonización.
En la actualidad, ya no se usan pilas de leña, ahora se produce en hornos en el suelo. Son hoyos que se cubren con hojas de hierro para tapar alguna entrada de aire y sea muy elevada la temperatura para la cocción de leña. Las altas temperaturas se encargan de secar todo tipo de vegetal y así producir el carbón.

Las Lavanderas eran las profesionales especializadas en el lavado de la ropa, siendo uno de los oficios más duros, dentro de los que se prestaban a los hoteles y veraneantes, por personas del exterior. En ocasiones se simultaneaban con labores de planchado. Hasta finales del siglo XIX o principios del XX, la limpieza de las ropas se llevaba a cabo en las orillas de los ríos y riachuelos. Las lavanderas, de bruces sobre piedras o maderas inclinadas, realizaban el trabajo siempre penoso. Un avance importante supuso la construcción de cobertizos sobre las corrientes de agua, en cuyo interior se colocaron una especie de bancos o cajones, donde las mujeres podían acomodarse, de rodillas, preservándose de la humedad, disponiendo de una piedra, que en su parte inferior entraba en el agua y sobre la que podían jabonar, restregar y golpear la ropa. Aunque la información es escasa, en 1930 el lavado de toallas grandes de felpa se pagaba a 0,25 pesetas/unidad y la docena de servilletas a 0,30 pesetas. La paulatina aparición de los medios mecánicos de lavado, fue sustituyendo a las lavanderas, desapareciendo un oficio duro y mal retribuido.


 El Trapero, desde el siglo XVIII se definió el oficio de trapero como “el que anda recogiendo trapos arrojados a la calle, que lavados sirven para fabricar papel”. La principal actividad de los traperos, también conocidos como ropavejeros, estaba relacionada con la compra de trapos viejos, suelas de alpargata, lana, etc. Con su burro cargado de pucheros de tierra, platos de porcelana, botijos, tarteras, cazuelas de barro… intentaban vender o cambiar estos por trapos viejos, pieles de conejos, lana vieja y cartón. Generalmente se colocaban estratégicamente en plazas y callejones, aunque en algunos pueblos establecían su espacio de compra-venta a la entrada.
Las Piperas, los puestos de pipas y caramelos han sido una imagen tradicional en lugares de Badajoz, hoy desaparecidos. Las piperas desarrollaban su trabajo a la intemperie, soportando frío y lluvia en invierno y calor en verano, protegiéndose de estas inclemencias con plásticos y paraguas o sombrillas.
El puesto constaba de una pequeña banasta de cestería apoyada en un pequeño taburete y la persona que estaba al frente se sentaba bien en el escalón de algún portal o bien en una silla de tijera.
Los artículos que se vendían eran generalmente a granel para lo cual disponían de un vaso o recipiente para establecer la medida solicitada en base a la cantidad que el comprador quería adquirir. Los productos a la venta eran como norma general: pipas, caramelos, envueltos y sin envolver. Entre los envueltos eran muy habituales los de la marca “Saci”, de menta, de fresa y de cola, regaliz, pastillas Juanola, pastillas de leche de burra, chicles. Una marca muy conocida era Bazooka, cigarros sueltos, piedras de mechero tabaco suelto o papel de fumar.
Repartidores de Hielo, hasta los años 60, el hielo era casi un artículo de lujo, pues, hasta que no se generalizó el uso de los frigoríficos en los hogares, solo se vendía por grandes bloques o por pedazos. Para el uso diario se compraba al vendedor callejero de hielo, que con un carro con una mula iba dejando un rastro: el agua que se filtraba por la mesa, cuando el enorme bloque de hielo empezaba a derretirse por el calor, a pesar de ir sobre una gruesa capa de aserrín y cubierto con una carpa plástica o más adelante en un cajón forrados por dentro en latón. Las primeras neveras, bajitas, cuadradas, con cuatro patas y una puerta gruesa y muy pesada que se cerraba con una manija parecida a la de los cuartos fríos y sin embargo no eran capaces de producir frío que se conseguía a base de meter en ellas grandes trozos de hielo y esta era la manera de conservar los alimentos.

Durante los últimos cincuenta años, decenas de oficios han sufrido modificaciones, varios de ellos, han desaparecido y otros más están a punto de extinguirse, pero que muy en el fondo, en lo que se puede, sus principales exponentes tratan de mantenerlos.
La costumbre de verlos, de solicitar sus servicios fue minando poco a poco y quizás, la indiferencia de las nuevas generaciones contribuye a su olvido y amenaza con sepultar los oficios, que los adultos sin duda recordamos quizás con un poquito de nostalgia.................¡VA POR ELLOS! en su recuerdo.

1 comentario:

  1. Bonitos recuerdos, muy bien contados. El blog es una verdadera maravilla. Mi mas sincera felicitacion.
    Manuel Murillo

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