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martes, 4 de julio de 2017

BAILANDO SIN LOBOS



Aquellos guateques de los años sesenta y setenta, bailes robados en un local, en una habitación de cualquier casa, al ritmo del tocadiscos, se conformaban como encuentros de grupos de amigos, de enamorados, de buscanovias, que, durante tres o cuatro horas, solían burlar la vigilancia paterna para envolverse y desenvolverse, de modo fugaz, eso sí, lamentablemente, en la tarde más esperada de la semana tras el estudio o el trabajo.
 Lugares de encuentro con aires más bien románticos y cercanos, con escasez de luz, luces rojas y azules por lo general, para dar más ambiente de intimidad, con alguna bebida a lo largo del encuentro y con una aportación a escote para sufragar los gastos de aquellos encuentros. Guateques a los que acudían aquellos jóvenes que los preferían en vez de pasear tantas veces entre la Plaza de España y la calle San Juan arriba y abajo, o abajo y arriba, o por San Francisco a derecha e izquierda, o ver una película en El Royalty, en el Lope, en el Conquistadores, o en el Menacho. Aquellos guateques eran una diversión más, y, por lo general, casi siempre, pespunteándose muy cerca del rayo de la pasión. Y allí sonaban los ritmos de moda entre bailes de parejas que se iban acercando en unos encuentros cálidos y en los que había miradas dulces y románticas, pasionales y de beber los vientos por alguien, roces, aromas de colonias y perfumes, besos robados fugazmente…Bailes de moda en las tardes dominicales pacenses, para unos encuentros al calor de los tiempos de una parte de la juventud.
Se escuchababa la música y las voces, por ejemplo, del Dúo Dinámico con “Quince años tiene mi amor” o “Mary Carmen”, de Charles Aznavour cantando “Venecia sin mí” o “Morir de Amor”, de The Beatles con “Yesterday” o “Yellow Submarine”, de Adamo con “Mis manos en tu cintura”, de Les Surfs con “Tú serás my baby” o “Ahora te puedes marchar”, de Bob Dylan, de Clif Richard, de Pétula Clarck con “My love”, de Nino Bravo con “Un beso y una flor” o “Libre”, de los Bee Gees, de Sylvie Vartan, de Tom Jones y “Delilah”, de The Monkees, de Simon and Garfunkel, de Los Diablos, de Los Sirex, de Françoise Hardy y “L´Amitié”, de Gilbert Becaud, de Los Mustang, de Johnny Halliday, de Los Bravos con “Black is black”, de The Platters… Y de tantos y tantos ídodos que nos perderíamos al ritmo, siempre vivo y nostálgico, de una etapa verdaderamente inolvidable.
Guateques de un tiempo siempre con nosotros cuando los guatequeros del momento galopaban veloces, a partir de eso de las siete de la tarde, y trataban de aprovechar hasta el último segundo antes de que sonaran las diez campanadas de la noche, la hora del regreso que solían marcar los padres, mientras los chicos apuraban el paso tratando de acompañar a la chica hasta las proximidades del domicilio familiar que se estimaban oportunas.
Era el Badajoz romántico, pasional, sensible y casi clandestino de los guateques como refugio de cientos de pacenses, que se abrigaban en lo más íntimo de sus propias emociones y casi sin parar más que los escasos segundos entre canción y canción, o el cambio de disco…
Aquellas tardes guatequeras, de las que solo se hablaba en el grupo y poco más, mientras en casa se contaban historias de ficción, para ocultar la realidad de los bailes, tenían un sabor de encanto, de pasión y de sublime nostalgia, ahora que tiramos del hilo de la memoria y suena en un rincón del alma, como cantaba Alberto Cortez, el largo argumentario de la semana para hablar, tal vez, de amores, para dar dos pasos a un lado y uno a otro, sentir las manos juntas, y, sobre todo, el calor de la confianza, cada vez más próxima, entre unos y otros.
¡Ay si hablaran algunas paredes…!

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